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Ermita de Puilampa
En 1146 Ramón Berenguer IV donó Puilampa al monasterio de Santa Cristina de Somport y el obispo de Pamplona hizo lo mismo con la iglesia en 1224. Como Santa Cristina, contaba con un hospital para atender a los peregrinos compostelanos, a los que se guiaba en la oscuridad mediante una lámpara situada en lo alto del edificio que dio el nombre de Puilampago al lugar. El edificio resulta atractivo por sus proporciones y el efecto plástico de sus múltiples arcos y columnas. Está cubierto con bóvedas de crucería simple, uso que con el de las dobles columnas, sirven para situar el edificio dentro de lenguaje protogótico. La iglesia conserva numerosas inscripciones, entre ellas las fechas de consagración y dos epitafios, uno firmado por dos peregrinos. La portada incluye otras dos leyendas, una alude al autor y la otra a la función simbólica de la puerta, cuyo significado está reforzado por el contenido del tímpano: un crismón flanqueado por el sol, la luna y los árboles del bien y del mal del Paraíso.